¿Te has planteado alguna vez si el amor tiene fecha de caducidad?

La cultura popular ha difundido un modelo de relación de pareja idílico, donde la «luna de miel» es perpetua y no existe espacio para los desencuentros o las dificultades. La realidad, sin embargo, es muy distinta de este cliché: el amor es algo vivo, que cambia y evoluciona constantemente y que no siempre se expresa con «fuegos artificiales» y «mariposas en el estómago».

El amor es energía, por lo tanto no se acaba, sino que se transforma y adopta unas características particulares en relación a la etapa vital en la que se encuentra la pareja.

Amar supone un aprendizaje donde se debe tomar consciencia de las fases que se suceden en el curso de la relación. Conocer dichas fases puede ayudarte a mejorar la calidad de tus relaciones afectivas y a establecer un vínculo más sólido con tu pareja.

FASES DEL AMOR

Enamoramiento:

Es la etapa que identificamos con el amor pasional. Los expertos también la llaman limerencia.

Durante esta fase, tal y como hemos explicado en artículos anteriores, se ponen en marcha todos los circuitos neuroquímicos del amor. Nuestro organismo libera dosis elevadas de serotonina, dopamina, noradrenalina y oxitocina, sustancias que favorecen el bienestar, el optimismo, el placer y la euforia.

Esto provoca que en los inicios de una relación nos sintamos llenos de energía y con una percepción positiva de la vida. Se manifiesta con pensamientos constantes hacia la otra persona,  excitación, nerviosismo y cierta inestabilidad emocional.

Esta etapa tiene una duración relativamente corta, que puede oscilar entre tres o cuatro meses a un año y medio-dos años, como máximo.

Conocimiento y confianza:

Se relaciona con el concepto de amor romántico.

Es el momento de las conversaciones largas, donde la pareja desea conocerse en profunidad, y que implica empezar a establercer una conexión emocional más estrecha.

Durante esta etapa se construyen los fundamentos de la confianza: ambos miembros han de partir de una actitud empática y valorar las necesidades, miedos y aspiraciones de forma recíproca, el uno del otro.

Amor maduro:

Es la fase més racional, en la que se consolida la relación de pareja y se establece un compromiso real.

El vínculo ya no se basa en la pasión, sino en la comunicación, la lealtad y la capacidad de negociación.

Es la etapa donde la novedad puede convertirse en «rutina» y muchas personas empiezan a plantearse que la relación ha perdido fuelle o, subjetivamente, sientene que «ya no es como antes».

La rutina y un exceso de confianza  pueden provocar que aparezcan malentendidos y conflictos.

Para gestionar dichos conflictos ambas personas deben aceptarse y, sobre todo, esforzarse para mantener la situación de equilibrio entre el dar y el recibir bidireccionalmente. A su vez, es importante también que exista un espacio personal, individual, de cada miembro. Esto permitirá que la relación se oxigene y que se pueda construir un espacio de pareja más saludable y enriquecedor.

Recuerda que para vivir una relación de pareja satisfactoria es importante estar dipuesto/a a aprender y a evolucionar en la relación, y a disfrutar de los momentos únicos que acompañan a todas y cada una de las etapas.

 

Escrito por Judit Lachica Bravo

Psicóloga Consultora de SamSara