Una ruptura de pareja no es un proceso fácil. Los expertos en el ámbito de la psicología creen que llegar a la superación final supone un periodo que oscila entre varios meses y dos años (en función de las características de la relación, de la situación de cada miembro y de sus condicionantes).

Aunque el tiempo que puede tardar en resolverse es variable, una separación sentimental supone siempre una pérdida (pasar del nosotros al yo) y como tal, es importante hacer un duelo y un cierre adecuados.

ruptura pareja

A continuación te explicamos las fases por las que se transita durante el duelo y cómo puedes gestionarlas de la forma más apropiada. 

FASES DEL DUELO

El shock

Es la etapa inmediatamente posterior a la ruptura de la relación. La persona se encuentra en estado de shock, desorientada.

No es consciente de ello y por eso que sigue actuando como si no hubiera pasado nada, no exterioriza ninguna reacción en respuesta al cambio de situación. Podemos hablar que existe un bloqueo.

Ésta fase la viven más intensamente las personas que han sido dejadas (en comparación a las que han tomado la decisión de romper).

Negación

En esta segunda fase, ya se ha tomado conciencia del fin de la relación, pero no quiere aceptarse.

A menudo se empiezan a plantear fórmulas o estrategias para solucionar los problemas y recuperarla. También puede existir la fantasía que solo haya sido un error o que la ya expareja lo repiense y quiera volver.

Tristeza intensa

Se empiezan a notar las consecuencias de lo que representa no estar con aquella persona: de cómo ha cambiado y de cómo cambiarán las dinámicas que están por venir. Se hace patente que todos los planes de futuro, las rutinas, etc. ya no volverán y la pena lleva también asociada una sensación de fracaso.

Esta fase presenta síntomas similares a los de la depresión y, si se perpetúa o no se afronta adecuadamente, puede acabar derivando en ella. Sin embargo, es importante tener presente que experimentar tristeza es necesario para afrontar la pérdida y avanzar de etapa.

La culpa

En este momento se intenta racionalizar la situación y estudiar qué ha pasado y quién ha sido el culpable.

Es la fase más característica (y muchas veces la más complicada de superar) en los duelos por separación de pareja. Puede derivar en pensamientos muy recurrentes y contraproducentes, tanto si se culpabiliza al 100% a uno mismo o si se hace responsable en exclusiva al otro miembro.

Es fundamental asumir que la pareja la formaban dos personas y es más realista y adecuado enfocarlo como una responsabilidad común.

La ira

Está muy relacionada con la fase anterior, puesto que el hecho de analizar las situaciones vividas con la pareja y valorar los momentos conflictivos provoca la aparición de sentimientos de rabia y de dolor.

Esta ira es un mecanismo adaptativo, ya que hace que se quiera tener lejos a la expareja para evitar el dolor. En consecuencia, cuanto menos contacto exista entre ambas personas, más fácil será avanzar hacia la aceptación. Sin embargo, la rabia, descontrolada, puede llegar a ser autodestructiva.

La aceptación

Se ha asumido que la pareja se ha roto y que no hay opciones de volver a estar juntos. Ya no existe ira, pero tampoco alegría.

El foco de atención se centra en un mismo y en las posibilidades de reconstruir un futuro cercano. Aunque el dolor haya desaparecido, es importante recordar que las relaciones significativas no se olvidan, sino que forman parte de la historia personal de cada miembro de la pareja. 

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CONSEJOS PARA GESTIONAR MEJOR EL DUELO

  • Aléjate y limita al máximo el contacto que puedas tener con la expareja. No tenerla presente hará que recorrer todas las etapas sea menos difícil. Si hay aspectos legales o logísticos para solucionar (viviendas, cuentas bancarias, hijos comunes…), intenta hacerlo de la forma más eficiente posible, para minimizar los contactos y, si puede ser a través de intermediarios (abogados, familiares, amigos), mejor.

  • No tomes decisiones apresuradas: a veces, la ira o el dolor pueden hacer que, para escapar de estas emociones negativas, quieras resolver demasiado rápido los aspectos burocráticos que acabamos de comentar. Es bueno poder reflexionar con un poco de distancia y con la mente más fría, para tener un punto de vista más objetivo y que después no te tengas que arrepentir de tus decisiones.

  • Cambia de rutinas y de lugares de ocio: intenta no frecuentar demasiado los mismos ambientes (ocio, tiendas, etc) que cuando erais pareja. Corres el riesgo de que os encontráis, pero además todo el contexto te hará tenerle muy presente.

  • Cuídate y dedícate tiempo a ti mismo/a. Una ruptura implica modificar la ecuación: del nosotros al yo. Es un buen momento para explorar todas las aficiones -o para recuperar relaciones con familiares o amistades- que, por falta de tiempo, no podías cuidar tan bien como querrías. Tómatelo como un momento de crecimiento personal, de evolución y de redescubrimiento, de ti y de tu entorno.

  • Evita las redes sociales o controla mucho el contenido que puedes visualizar. En una sociedad donde estamos hiperconectados, es muy difícil no recibir información de alguien que ha sido parte tan importante en tu vida. Aunque lo elimines de tus cuentas, puedes seguir recibiendo noticias suyas a través de las cuentas de amigos o de grupos en común. Una opción más sencilla, y probablemente más enriquecedora, es alejarte una temporada de las redes sociales.

  • Si en algún momento crees que estás estancado/da, experimentas síntomas de depresión o piensas que puedes necesitar ayuda profesional, no dudes en consultarlo con un psicólogo o terapeuta.

Para concluir, no olvides que una ruptura sentimental supone siempre una oportunidad para empezar una nueva relación mejor.

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Foto de Andrew Neel en Pexels