En el artículo anterior hablamos sobre qué es la dependencia emocional y qué pasos puedes seguir si la detectas. A menudo aparecen situaciones que, si se perpetúan en el tiempo, pueden generar un vínculo codepediente con tu pareja. A continuación exponemos cuáles son las más frecuentes y te ofrecemos las claves para gestionarlas adecuadamente:

Toma las riendas de tu vida: intenta mantener el control de las decisiones y acciones que te afectan directamente y no dejes que tu pareja los determine por ti. Mantener una relación no significa renunciar a todo lo que no gira alrededor de la pareja (amistades, vida laboral, necesidades personales, aficiones…), ni a que uno de los miembros decida por ambos. Es esencial cuidarse y respetarse a sí mismo, ya que sólo si se parte de esa base puede establecerse un vínculo sano y bidireccional con la otra persona.

No pretendas controlar la vida de tu parella. A su vez, si siempre estás controlando qué hace o con quién está, si tomas todas las decisiones y / o tu pareja debe consultarte antes de hacer nada por él / ella mismo, la relación será también desequilibrada. Es imprescindible que el / ella y tu mantengais un espacio propio, individual, que os ayude a oxigenar y a reforzar el vínculo.

Reconoce que no existen las relaciones perfectas: asume que en cualquier relación surgen conflictos, más o menos importantes, y que es responsabilidad de ambos saberlos reconducir. Explora diversas estrategias de resolución de conflictos, siempre de forma respetuosa para ti y para tu pareja. Esto os ayudará a conoceros mejor y a detectar cuál es la forma más adecuada para gestionar los problemas que puedan surgir.

Aprende a expresar tus necesidades y a comunicarte de manera clara: no pretendas que tu pareja adivine qué deseas o qué rechazas. Ten en cuenta que, por mucha complicidad que exista entre vosotros, él o ella no puede leerte la mente En el mismo sentido, es necesario que seas explícito / a a la hora de hablar y de definir cuáles son los límites personales tuyos y suyos. Si lo haces así, podrás evitar malentendidos (por ejemplo, sobrepasar un límite del otro miembro sin ser consciente).

Evita el uso de insultos en las discusiones, ya que esto te desacreditará, te hará perder el respeto y mermará la confianza en la relación. Habla siempre desde la positividad y emplea críticas constructivas. En caso de recibir esporádicamente un insulto, intenta identificar qué hay más allá de la palabra desagradable: qué te quiere transmitir tu pareja y por qué ha empleado esa palabra. Hazle ver que no es la forma más adecuada de afrontar los problemas. Debes ser firmemente consciente de que no hay que permitir ningún tipo de humillación y que el respeto es un derecho innegociable.

Aprende a detectar conductas perjudiciales o adicciones en la pareja. Observa si existe cualquier hábito o práctica perjudicial que interfiera en el curso de la relación. Si identificas alguna, analiza cuál es tu papel en su aparición y / o en su mantenimiento. Recuerda que en estas circunstancias es imprescindible buscar ayuda externa, por parte de personal cualificado, y que en ningún caso debes adquirir el rol de «salvador» del otro.

Para finalizar, ten presente que ser una persona emocionalmente independiente no significa ser incapaz de amar. Al contrario, sólo cuando se parte de la independencia -tuya y suya- puede desarrollarse una relación amorosa madura, estable y razonable, donde ninguna de las dos partes sea eclipsada por la otra.

 

 

Escrito por Judit Lachica Bravo

Psicóloga Consultora de SamSara