Las relaciones humanas se establecen y se mantienen a través de los procesos dinámicos de comunicación verbal y no verbal. En el ámbito de la pareja, en concreto, mantener una buena comunicación de manera constante es vital para garantizar el buen estado de salud de la relación.
Comunicarse, sin embargo, más allá del contenido concreto o de la temática que se quiere transmitir: el estilo o la forma utilizada a la hora de difundir el mensaje es tan importante como este contenido.

Los estilos de comunicación generan patrones de conducta que se instalan en una relación concreta. A menudo, incluso, estos patrones se generalizan y se repiten una tras otra con diferentes parejas, por lo que pueden conducir directamente al éxito o a la ruptura sentimental. A continuación explicamos cuáles son los patrones más habituales.

 

PATRONES DE CONDUCTA FRECUENTES EN LAS RELACIONES AFECTIVAS:

Patrón pasivo: se caracteriza porque la persona no expresa sus puntos de vista ni sus sentimientos. Además, tiende a conformarse y priorizar las necesidades del otro por delante de las propias. Tiene miedo a decepcionar o a no gustar al otro miembro de la pareja y, por eso, intenta ser complaciente y evitar cualquier tipo de conflicto. Esta evitación se traduce en falta de comunicación, que a largo plazo puede generar mucha frustración propia y resentimiento hacia la pareja.

Habitualmente, este patrón sumiso suele emparejarse con un patrón más dominante, en el que la persona toma la iniciativa y carga todo el peso de la relación. Puede llegar un momento concreto en el que ambas partes se den cuenta de la dinámica y decidan modificarla para encontrar un punto de equilibrio. Entonces, la persona dominante cede más espacio y responsabilidad y la pasiva coge más peso en la relación. A menudo, sin embargo, estos cambios no se mantienen en el tiempo: el patrón dominante volverá a imponerse y el pasivo a quedar relegado en un segundo plano

Patrón agresivo: la persona se comunica de manera demasiado vehemente, siempre está en desacuerdo y adopta una actitud dura y extremadamente crítica hacia la otra persona. La agresión puede llegar a materializarse y manifestarse mediante insultos, gritos, coacciones o a través de formas más sutiles o implícitas, como el sarcasmo o el humor ácido. Esta forma de interacción utiliza la humillación para mantener el control de la relación, para priorizar necesidades y para generar inseguridad e indefensión al otro miembro de la relación.

El patrón agresivo a menudo se pone de manifiesto cuando surgen discusiones por celos. Aunque posteriormente exista una reconciliación, es frecuente que estos episodios se repitan cíclicamente, por lo que se crea una dinámica de celos-pelea-reconciliación que acabará incidiendo negativamente en la relación.

Patrón empático asertivo: la persona puede expresar emociones y puntos de vista (positivos y negativos) de manera libre, directa y sincera. Existe un respeto bidireccional y recíproco: puede pedir favores y aceptar las peticiones de su pareja pero a la vez también tiene la capacidad de decir o de aceptar un “no”. La base de este tipo de patrón se fundamenta en el diálogo y la empatía, en la distribución de las responsabilidades de manera equilibrada y en la cooperación conjunta como pareja. Este estilo comunicativo no esconde los conflictos ni evita las discusiones, sino que las utiliza para aprender y hacer crecer la relación. La elección de este patrón ayuda a establecer una relación de pareja sana.

Reconoces cuál es tu patrón de conducta en pareja y te gustaría modificarlo? En nuestro próximo artículo te explicaremos cómo puedes hacerlo.

 

Escrito por Judit Lachica Bravo

Psicóloga Consultora de SamSara