El amor es un sentimiento relacionado con la capacidad de dar, de comprender, de ayudar, de apoyar, de sentir afecto hacia alguien, … e idealmente tiene que ser bidireccional. Así entendido, amar es una acción sana, basada en la reciprocidad y que implica el crecimiento y la complementariedad entre la pareja.

Sin embargo, a veces es fácil confundir los límites entre el amor saludable y la dependencia afectiva. La dependencia emocional supone una necesidad de afecto extrema y continua, a menudo acompañada de posesividad, de tal forma que mantener una relación de pareja resulta casi una “adicción”.
El denominador común de esta dependencia es el miedo desmesurado a perder al/la compañero/a sentimental, a menudo originada por una carencia de autoestima. La persona codependiente hace girar toda su vida alrededor de la pareja, es decir, la percibe como la única fuente de seguridad personal.

Superar los vínculos dependientes es un proceso que requiere paciencia y tiempo, puesto que para lograrlo con éxito es importante detectar donde está el origen de esa manera de relacionarse.

Consejos para trabajar la dependencia emocional

En primer lugar, hace falta que la persona reflexione y se autoanalice: es decir, que determine cuáles son las prioridades personales y detecte los aspectos satisfactorios y los que generan malestar. A su vez, es importante identificar las emociones asociadas a todos estos aspectos. Se puede empezar haciendo una lista de adjetivos que definan a la persona y otra lista de categorías («situaciones/cosas que me gustan», «cosas que me hacen enfadar», …) desde un punto de vista individual, sin citar en ellas a la pareja. Considerarse como una persona independiente de la pareja (y no como una extensión de ella) es el primer paso para superar una relación codependiente.

Una elevada proporción de personas que se involucran en relaciones codependientes durante la edad adulta han crecido en un entorno familiar donde los padres y/o personas muy próximas mantenían este tipo de vínculos. En dicho contexto, es muy fácil que los niños/as aprendan determinadas formas de relacionarse que, a pesar de no ser saludables, acaben interiorizándose y normalizándose. Hay que evaluar, pues, los modelos de relación aprendidos durante la niñez y valorar si han sido los adecuados. En caso de que la respuesta sea negativa, primero es fundamental aceptar los errores de los padres y segundo, tomar conciencia que no se debe ser víctima del pasado y que hay que trabajar para restablecer unas pautas de relación normales. Se debe ver la codependencia como una conducta adquirida que puede (y que tiene que) modificarse.

Después de hacer este ejercicio es muy posible, como decíamos más arriba, que se haya detectado una baja autoestima: es imprescindible trabajarla; la autoestima no es algo innato sino que se ha de hacer crecer por voluntad y decisión propias. La consulta con un profesional puede ser muy beneficiosa para ayudar a potenciar la autoestima y para trabajar también la asertividad.

Escrito por Judit Lachica Bravo

Psicóloga Consultora de SamSara