No lo puedes remediar. Te encanta. Te atrae. Y por más que intentes controlarlo, sientes que te activa de forma irremediable.
Tampoco lo puedes remediar. Te repele. Te aleja. Y por más que intentes cambiar esta sensación, no hay manera.
Y es que el deseo sexual, no es ciego y es sin duda, uno de los conceptos más difíciles de definir.
No existen reglas fijas que indiquen por que deseamos a alguien, pero lo que está claro es que el deseo tiene un fuerte componente mental.
Psicólogos y sexólogos coincidimos en que, además, también entran en juego un componente de aprendizaje sentimental (susceptible a ser trabajado y modificado) e incluso factores genéticos.
¿Por qué un beso puede ser tan determinante, pudiendo generar ganas de más o apagando la llama que alguien nos generaba?
Parte de la responsabilidad la tienen unas sustancias químicas llamadas feromonas. Éstas viajan a través del olor corporal y del beso, y nos inclinan al bienestar y al encuentro con los demás.
Pero las feromonas no son las únicas responsables, las hormonas también tienen su papel.
Te las presentamos:
– La Dopamina: es la hormona del placer. Se produce durante las experiencias gratificantes. Experimentamos una repentina ráfaga de dopamina cuando nos atrae una persona.
– La Oxitocina: es la hormona del amor y sus niveles incrementan cuando nos enamoramos.
– La Testosterona: clásicamente vinculada a los hombres, también se encuentra en la mujer, aunque a niveles más bajos. Es la hormona del deseo sexual y se encarga, entre otras funciones de generar la excitación en ambos sexos.
– La Vasopresina: es la hormona de la monogamia, también se describe como la atenuadora del deseo sexual del hombre.
Con un papel más secundario, pero no menos importante, aparecen los estrógenos y la progesterona.
– Los estrógenos: influyen en la vida sexual, estimulando el deseo y las habilidades para un encuentro erótico. Aunque son el principal grupo de hormonas sexuales femeninas, no son hormonas exclusivas de las mujeres.
– La progesterona: reduce el deseo y, como puede producir malestar anímico, obstaculiza el encuentro erótico.
Al mantener una relación sexual satisfactoria, el nivel de oxitocina en la mujer incrementa, y por ello, tiene muchas más posibilidades de enamorarse de su compañero.
Al eyacular durante un encuentro sexual, en el hombre disminuyen sus niveles de testosterona, deja de tener interés en esta pareja y busca otra que incremente su deseo.
El hombre, para vincularse emocionalmente, necesita mantener el deseo de una manera consistente durante un tiempo, y, de este modo, vuelven a entrar en acción la vasopresina y la oxitocina, dando lugar al deseo de mantener una relación estable y duradera.
En definitiva, ¡¡no todo es cuestión sólo de química en el deseo sexual, pero ésta pega con fuerza!!
En nuestro próximo post os daremos aquellas claves del lenguaje no verbal en una primera cita… porque no sólo nos comunicamos con las palabras, nuestro cuerpo y gestos pueden decir mucho más… ¡No os lo perdáis!